Un mal movimiento, un salto en falso o una pisada irregular: así de rápido aparece un esguince. Estas lesiones, que afectan ligamentos —los “cordones” que unen hueso con hueso—, pueden parecer menores, pero mal tratadas, se convierten en una pesadilla recurrente.
El esguince produce una inflamación inmediata por microdesgarros en las fibras del ligamento. El cuerpo responde enviando más flujo sanguíneo al área, lo que genera calor y dolor. En los primeros minutos, el manejo adecuado del dolor y la inflamación es crucial para evitar daño permanente.
Los fisioterapeutas coinciden: el tratamiento ideal combina reposo, compresión y aplicación de productos tópicos con agentes analgésicos y antiinflamatorios. Fórmulas con diclofenaco, capsaicina, alcanfor y mentol actúan de manera sinérgica para desinflamar, reducir la rigidez y mejorar la movilidad. Además, ayudan a restaurar la microcirculación local, permitiendo una recuperación más rápida.
Pero no sólo los atletas se enfrentan a estas lesiones. Trabajadores que cargan peso, obreros, repartidores y personal de salud son especialmente propensos a sufrir torceduras o distensiones. Para ellos, mantener un producto de acción rápida en el botiquín personal no es un lujo, sino una herramienta de bienestar que evita bajas prolongadas y facilita seguir activos sin dolor.